ALGUNAS REFLEXIONES DEL TRABAJO SOCIAL COMO PROFESIÓN

Somos una profesión “que promueve el cambio social, la resolución de problemas en las relaciones humanas, y   el fortalecimiento y la liberación del pueblo, para incrementar el bienestar”. Sin embargo como profesión hay muchas cosas en las que debemos reflexionar y a la vez actuar para promover un cambio, resolver nuestros problemas, fortalecernos, liberarnos e incrementar nuestro propio bienestar.

Primero deberíamos iniciar con el origen de nuestra profesión para entender un poco más porque a veces hacemos algunas cosas sin cuestionarlas mucho, así también para hacer notar porque mientras otras profesiones parecen crecer más rápidamente la nuestra no.

De acuerdo con Montaño (1998) la perspectiva endogenista ubica el origen del Trabajo Social en la evolución, organización y profesionalización de las anteriores formas de ayuda, la caridad y filantropía; por lo tanto podemos suponer que mucho de lo que hoy “arrastramos” tiene un fuerte apego a ideas religiosas y filantrópicas  Garcia Salord (1991) dice  con respecto a la conducta del trabajador social: vestirse con modestia, ser comprensivo, paciente, abnegado, bondadoso, poseer espíritu de entrega, de sacrificio de servicio, y amplitud de miras. Todo esto sin esperar recompensa alguna, ni elogios, ni beneficios personales. Más aún debe comprender la ingratitud del prójimo, “poner la otra mejilla”. Ser la encarnación del bien, del amor y del compromiso. Predicar con el ejemplo, dejar de lado la soberbia y la ostentación, entre otras cosas.

En realidad que un trabajador social sea sinónimo de bondad en sí no es una idea mala, pero tener que serlo siempre como una obligación sin poder ser un ser humano normal no es saludable, más aún cuando eso impide que se utilicen conocimientos científicos para la práctica por guiarse solo por la buena fe y esto nos lleva a ver al trabajador social como un ser bueno de origen y que por tanto no necesita esforzarse para engrandecer la profesión y que entre más victimizado sea es mejor trabajador social.

Por su parte Parra (1999) menciona otra hipótesis con respecto a la profesionalización y dice que el surgimiento de la profesión tuvo un carácter conservador y antimoderno, el Trabajo Social tuvo en su surgimiento un fuerte carácter antidemocrático, dado que su intervención no era la legitimación de un derecho, ni la construcción de ciudadanía. Si vemos desde esta última perspectiva  entonces podemos vernos no como “la cara bonita de las instituciones” sino el mecanismo de control de los usuarios; esto también nos hace robots que solo ejecutan las acciones y que no proponen, ni ponen un poco de conciencia y humanización en sus actos. Si bien el inicio del proceso de profesionalización ocurre en expansión del capitalismo, surge también para conocer científicamente la sociedad  y revertir los problemas sociales acumulados y los emergentes de este mismo capitalismo.

Ahora bien considero prudente destacar que nuestra profesión abarca increíblemente muchos ámbitos de lo social, prácticamente podríamos encontrar un lugar de intervención en cualquier lugar donde haya problemáticas sociales, sin embargo aunque en otros siglos el ser “todologos” era bien visto, hoy la especialización es lo que más se busca y de nuestra profesión bien podrían salir un inmenso número de especializaciones (en realidad ya hay muchas surgiendo), razón por la cual considero crecemos de manera más lenta porque cada una de esas especializaciones requiere su propio impulso. Nuestra profesión al ser tan amplia requerirá crear mucho conocimiento, sin embargo también depende de la generación de teoría de otras profesiones, pues lo social es tan amplio que necesita de muchas disciplinas diferentes.

Otra razón por la cual podemos no valorarnos tanto es que el  Trabajo Social está ligado a la cotidianización, eso mismo hace que per se no se valore,  De acuerdo con Díaz Argueta (2006) la cotidianización de la especificidad de la profesión hace que no se valore a sí misma, por estar ligada a la resolución de problemas de satisfacción de necesidades o responder a intereses de población, lo que aparentemente no requiere tener mayor ciencia, hacer ciencia o aplicar ciencia. Desde ahí la práctica profesional se fetichiza y marca el conformismo, el voluntarismo y hasta una visión inmediatista e individualista.

Sin embargo es a partir de lo cotidiano se forman las sociedades, es a partir de eso que dejamos de largo, que damos por hecho que nos construimos.

Una razón más de nuestra subvaloración puede ser que la mayoría de profesionistas del Trabajo Social somos mujeres y al existir ya un desequilibrio en la forma en que se tratan a ambos sexos esto ha permeado hasta el interior de nuestra profesión.

Otra situación a mencionarse es que  nos han categorizado como una profesión auxiliar y por tanto resulta muy difícil tener mayor autonomía y valoración cuando lo que se hace es como “apoyo” a otra profesión y más aún cuando los otros y nosotros mismos pensamos que estamos ahí solo para apoyar a otras profesiones.

Díaz Argueta (2006) menciona que el fortalecimiento de la profesión no implica negar la historia, sino resignificar nuestra identidad independientemente del campo de acción, el nivel de intervención y del contexto en el que se ubique el profesional a fin de re conocerse a sí mismo y resignificar el objeto de conocimiento y construcción del Trabajo Social como elementos básicos para la praxis académica y social.

Retomando a Alayón (1988) el Trabajo Social  como cualquier otra disciplina no constituye una categoría abstracta las profesiones no pueden definirse desde ellas mismas sino por la función que cumplen en un orden social determinado. Por tanto nuestra identidad no solo depende de lo que construyamos sino también de cómo nos ven desde el exterior, pero la forma en como los otros nos ven definitivamente dependerá en gran medida de lo que hagamos como profesión.

Desafortunadamente muchas veces el Trabajo Social continúa siendo técnico o pre técnico  y aislado del ámbito académico y es ahí donde hay mucho por hacer en el día a día, en como lo hacemos por nosotros mismos pero también viendo más allá como profesión.

De acuerdo con Lima (1989) la naturaleza del trabajo Social refleja su vacío epistemológico en el poco interés por esforzarse en conceptualización de los principios, de los objetivos que orientarían su quehacer profesional, de los elementos teóricos a utilizar y, por lo tanto, de la metodología a instrumentar para hacer frente a la problemática  donde tendrá que operar. Se requiere de un ruptura epistemológica con el Trabajo Social tradicional, su enfoque practicista y su finalidad de ajuste, conformismo e integración social.

Cazzaniga (2005)  nos dice que cada uno de los que portamos el título de trabajador social somos responsables de la formación/construcción disciplinaria, en forma independiente del lugar que ocupemos o de las perspectivas teóricas a las que adscribamos, ya que las prácticas y discursos producidos por los sujetos otorgan el sentido y legitimidad a este campo particular: Trabajo Social.

No somos un producto acabado hay mucho por hacer en el área del Trabajo Social, en la práctica del día a día surge el luchar con lo ya establecido, con lo que se dice socialmente que hace un trabajador social, desde hacer un periódico mural, hacer un estudio socioeconómico, dar orientación,  apoyar a la institución para la cual trabajas, apoyar a los otros profesionistas y la enorme complejidad que resulta el poder articular lo que en teoría sabes que debes hacer con lo que el manual organizacional dice que haces, complejo resulta también cuando se supone que lo que debes hacer no tiene congruencia en la región en la que intervienes.

Ahora bien hay mucho por construir, mucho por hacer y sin lugar a duda las grandes ideas de como potenciar la profesión saldrán desde la misma profesión, tenemos la maravillosa oportunidad de fortalecernos y de construir ya que no todo nos ha sido dado y que hay muchos vacíos que llenar. El reto es dignificarnos y valorarnos más día a día, sin olvidar el espíritu humano de nuestra profesión.

 

 

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