Violencia de Género y Trabajo Social

De violencia de género hay mucho de lo que se puede escribir porque es algo que se vive día a día, es un problema innegable y fácilmente palpable, desde un chiste sexista hasta su máxima expresión que es el feminicidio.

La violencia constituye un problema social que afecta diferentes espacios vitales de hombres y mujeres y que deriva tanto de estructuras sociales muy profundas como de aprendizajes que se dan en el hogar, en la escuela, a través de los medios de comunicación, en la calle y en  múltiples espacios.

La violencia de género lleva implícita la discriminación por razón de sexo, usualmente esta  violencia se da de los hombres hacia las mujeres. Es una violencia instrumental: busca perpetuar una situación de sumisión, generalmente la violencia en los hogares muestra la enorme violencia social existente hacia las mujeres.

Datos del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) reportan que los  daños provocados, física y anímicamente en las víctimas de en su mayoría son irreparables, los cuales terminan en lesiones crónicas e incluso en fallecimientos. De acuerdo con el INEGI, la violencia más frecuente es la ejercida por el actual o último esposo o compañero, según declara el 43.9% de las mujeres; le sigue  la violencia en el trabajo con 26.3%, la violencia en la comunidad con el 23.9% (tercer lugar nacional); la escolar 22.9% (primer lugar nacional) y la familiar 16.4 %.

Cuando se habla de “violencia contra las mujeres” se suele pensar, básicamente, en mujeres golpeadas. Los datos de la ENDIREH muestran, sin embargo, que la violencia emocional se presenta con una frecuencia cuatro veces mayor, y la violencia económica con una frecuencia tres veces mayor, que la violencia física y sexual, respectivamente. De acuerdo con esta misma fuente no existe una relación lineal entre estrato social y prevalencia y riesgo de violencia de género. Los menores porcentajes y los menores riesgos se registran en los estratos “medio” y “alto” (sin que ello signifique que en esos estratos no haya violencia).

Organizaciones feministas han asegurado que hay una “cifra negra” de decesos de mujeres a consecuencia de la violencia en los hogares. Muchas de ellas prefieren no denunciar las agresiones, ya que en la mayoría de los casos los cónyuges las tienen amenazadas con denunciarlas penalmente por adulterio, abandono de hogar o declararlas insanas mentalmente para quitarles a los hijos.

Con respecto a las edades son las niñas y adolescentes  quienes manifiestan el acceso más limitado a servicios médicos y de educación, a una nutrición adecuada, trabajo infantil, abandono, así como el incesto, la violación, la prostitución y el noviazgo, por citar algunas. El análisis de la UNICEF destaca que los niños tienen  más expectativas de continuar sus estudios superiores, mientras que las niñas tienen mucho menos expectativas de asistir a la universidad.

En nuestro país entre los niños y jóvenes están fuertemente arraigados los prejuicios, los estereotipos y la violencia de género, que imponen desventajas importantes e impiden el desarrollo pleno de las capacidades de niñas y niños, de acuerdo con el “Informe Nacional sobre Violencia de Género en la Educación Básica en México”. El análisis se realizó en una muestra de 26 mil 319 alumnos de los niveles de cuarto de primaria a tercero de secundaria, en 395 escuelas públicas primarias y secundarias, de los niveles de marginación muy alta, alta, media y baja-muy baja. “En este sentido pareciera que en la escuela se están reproduciendo prácticas agresivas de los niños hacia las niñas, pero también hacia otros niños, en el marco de un estereotipo sobre la masculinidad que supone que las formas violentas son uno de sus componentes constitutivos”. En cuanto a las aspiraciones profesionales, las de las niñas se enfocan hacia áreas como la enseñanza y el cuidado de la salud, mientras que los niños aspiran a ser ingenieros o arquitectos, así como policías y bomberos.

La Encuesta Nacional sobre Violencia en el Noviazgo (ENVINOV) del 2007 del Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ) descubrió que el 15 por ciento de las adolescentes sufren violencia de pareja en distintos tipos y grados, entre ellas la física, psicológica y la sexual, siendo la forma más común de la violencia contra las mujeres, ya que un 16.5 por ciento de las entrevistadas declaró haber sufrido alguna o varias agresiones sexuales.

A fin de combatir la violencia de género es necesario erradicar conceptos misóginos como el del crimen pasional y definir jurídicamente la violencia sexual -la violación, el incesto y el acoso-, la violencia conyugal y familiar, la callejera, y otras formas de violencia de género: laboral, patrimonial, psicológica, intelectual, simbólica, lingüística, económica, jurídica y política, afirma Marcela Largarde y de los Ríos, diputada y antropóloga. Es importante mencionar  que hay mucho que examinar en cuanto a lo ya legislado, porque por ejemplo una relación sexual de un adulto con una niña de catorce años no se considera abuso sexual, a pesar de que cualquier persona sabe que una adolescente es mucho más fácil de manipular.

Cabe señalar que la violencia de género hace alguna décadas no fue considerado como un problema debido a que durante muchos años hubo un machismo muy arraigado donde se visualizó  a las mujeres como objetos más que como personas, por tanto al ser consideradas cosas no se les prestó suficiente atención a sus necesidades y se les golpeó, insultó o reprimió de diversas maneras, inclusive algunos  hoy en día las consideraron propiedad del esposo o de los padres; después del movimiento feminista se le prestó mayor  atención a las mujeres y aunque hoy en día las mujeres gozamos de mayor libertad y podemos ejercer más nuestros derechos, aún el lastre machista nos persigue y no nos permite ni a hombres ni a mujeres una verdadera equidad. Sin embargo la violencia ya no sólo es del hombre hacia la mujer sino que cada vez se da más la violencia hacia al hombre por parte de la mujer, siendo ambas un problema social.

En la medida en que las estructuras sociales sean transformadas, y en que hombres y mujeres aprendan, desde la más temprana edad y con el ejemplo en la familia, que existen diversas formas no violentas de resolver conflictos, podremos construir una sociedad en donde hombres y mujeres sean capaces de rechazar la violencia y por tanto, de construir relaciones humanas más democráticas y equitativas, más justas.

Hoy en día existen más leyes y organismos que protegen a las personas contra la violencia y es necesario lograr que se cumplan por el bienestar de la sociedad, cabe señalar que la violencia de género tiene un trasfondo social arraigado, por tanto para poder hacer cambios profundos  se debe empezar por trabajar con las costumbres de sometimiento y maltrato.

En el caso de la prevención el trabajador social puede  intervenir de manera interdisciplinaria en diversos programas para ayudar a disminuir la incidencia de violencia, ya sea directamente enfocado al problema o en las causas sociales que lo generan, como la cultura  y la disfuncionalidad familiar, la forma en que se interrelacionan los niños y adolescentes en entornos familiares,  escolares y sociales, etc.

La intervención debe ser interdisciplinaria debido a que es un problema complejo que  necesita la aportación de profesores, psicólogos, abogados, etc., existe muchísimo por hacer para lograr mayor reinserción social de las personas violentadas.

Cuando se habla ya de resolver las consecuencias de la violencia de género,  para apoyar a las victima debe hacerse desde la canalización en los trabajos de casos,  la implementación de programas y proyectos en lugares que muestren tener esta problemática, debe trabajarse igualmente  de manera interdisciplinaria, a fin de promover la estructuración de valores y buenos hábitos, reforzar el conocimiento y respeto de las normas, fomentar la solidaridad, tolerancia, democracia y restaurar a las víctimas  a una vida digna; cabe señalar que los problemas derivados de la violencia de género pueden ser muy diversos dependiendo del tipo de violencia padecida, la frecuencia y la persona misma que la padezca por tanto debe darse un trato  personalizado.

Y como profesionales de trabajo social quizá lo primero que deberíamos hacer es empezar por entender bien el problema de violencia de género, primeramente porque la mayoría somos mujeres y porque es muy posible que sin querer estemos reproduciendo patrones culturales desfavorables hacia nosotras mismas, por ejemplo pensando que si una mujer es violentada por su pareja es porque ella misma lo permite y no comprendiendo que en realidad hay todo un proceso mental en dicha mujer que le produce dependencia hacia su violentador. Debemos ser más solidarias entre mujeres.

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